jueves, 9 de abril de 2026

Escribo

La tarde se cuela por la ventana dejando una franja de luz sobre la mesa.


Me quedo mirando cómo las pequeñas motas de polvo flotan en ese pequeño resplandor, cómo todo, de pronto, parece detenerse en detalles que casi nadie repara dos veces.

En momentos así, donde solo divago con la mente un poco en pausa, siento que la vida es suficiente;

un cuarto en calma, alguna idea que nace despacio, sin prisa ni norte.

El silencio amable que solo acompaña sin exigir nada.


Hay gestos mínimos que se vuelven íntimos sin avisar;

el sonido de una página al pasar, el viento moviendo apenas la cortina...

La sensación plena de estar presente en lo que está ocurriendo con todo detalle,

con el sistema sensorial en su punto más álgido.


Porque lo cotidiano también guarda una belleza discreta que a veces, 

se vuelve mas viva cuando alguien la reconoce también.


Sigo escribiendo mientras la luz cambia de lugar, 

escribo mientras pienso que la vida no necesita grandes historias,

a veces basta con coincidir en lo simple,

una caminata sin rumbo,

una conversación agradable,

un abrazo que solo deje la esencia flotando en el aire.

Y cuando eso ocurre,

todo esto que ahora observo en silencio, 

adquiere otra profundidad.


Solo dos personas que saben quedarse, 

justo en el mismo momento.


Pensar esto me distrae un poco y la tinta cae sobre el papel como si conociera el camino.

No duda, no se corrige;

avanza con la seguridad de algo que ya tuvo sentido,

antes de ser escrito.


En cada una de mis líneas hay un pulso vivo,

una forma de latido que a veces me desborda el pecho,

y que solo encuentra en las palabras su manera de respirar.


Porque antes escribía para perseguir lo que faltaba,

y ahora lo hago para reconocer lo que ya existe.


Esa mirada detenida en lo simple,

una emoción que no necesita ser gritada para ser intensa.

Hay una verdad más limpia en este modo de desgarrarme,

como si hubiera encontrado la forma de abrirme en canal,

y esperar luego el incendio.


Por ello estas palabras no buscan adornarse,

son solo los restos de lo que queda suspendido entre líneas,

desde la honestidad de alguien que escribe con todo el pulso abierto.


Dejando que cada letra,

sea un paso más en la forma profunda de sentirse vivo.





sábado, 14 de marzo de 2026

Caleidoscopio.

Eres para mí, un mecanismo de espejos infinitos. Geometría de calma. Ese patrón que ordena mi caos.

A veces, eres un giro inesperado, y te vuelves explosión cálida, fragmentos de fuego y ámbar atravesando mis sentidos.

Te observo a veces desde las sombras, girando mi cristal para descubrir cómo te refractas.

Nunca fuiste estático, sino puro movimiento ante mis ojos, un choque constante de piezas que se buscan.

Eres la luz que atraviesa mi visor, el orden naciendo de mi fragmentación. El color que permanece, cuando todo lo demás se vuelve gris.

Eres prisma.

Alguien que no siempre recibe luz, pero la busca, y la encuentra en lo más profundo si hace falta, descomponiéndola en mil matices solo para que yo pueda verla.

Contigo soy, sin miedo a estar un poco rota, porque es justo ahí, en nuestras aristas y bordes irregulares, justo en las fracturas, donde la luz encuentra el hueco para apoyarse, crear y reinventarse.

Eres refugio.

La mano que gira el tambor cuando todo se oscurece, recordándome que basta un pequeño movimiento para que el caos se ordene de nuevo y me salve. Incluso de mí misma.

Recoges los pedazos y me muestras que, incluso desde lo imperfecto, puede crearse algo que aún merece ser visto.

Porque cada vez que apareces, el universo se reinventa.

Solo para que pueda volver a redescubrirte. Solo para que pueda redescubrirme.

Porque, como un destello, te guardaré siempre en mi memoria, como esa pieza secreta de mi caleidoscopio, la que no se ve, pero sostiene todo el dibujo cuando giro.





Solo geometría al azar. Solo simetría perfecta.

Girando sobre su propio vórtice.

domingo, 8 de marzo de 2026

Siento

A veces, me pregunto como sería que alguien notara la suavidad con la que siento.

No la intensidad visible, 

sino esa forma callada en la que me importan y me duelen algunas cosas.


Cómo me detengo en los gestos mínimos, 

en las frases no dichas.

Cómo escucho mas de lo que digo, o cómo guardo solo para mí algunos detalles, 

sin que nadie más lo perciba. 


Cómo sería que alguien se adentrara, que alguien lo supiera,

sin tener que explicarlo.


Que hay una ternura que pocas veces hago pública. 

Vive en la manera en la que pienso en alguien durante el día,

en el mensaje que escribiría para saber cómo está.

En el deseo de compartir lo cotidiano.


Y es que no necesito fuegos artificiales,

solo una complicidad que crezca sin ruido,

sin prisas, ni ataduras.

Lo que anhelo es simple, pero también profundo.


Saber que existe y sentir que no tengo que reducir mis dudas.

Que puedo querer con calma.

Con la cercanía y la transparencia más sincera. 

Sin temor a parecer demasiado.


Porque hay palabras que no nacieron para salir,

ni historias para ser contadas.

Se quedan guardadas, como algo secreto, 

que late sin permiso.


Porque nunca dejé de pensar, ni en los silencios más largos.

Porque también me desbordé en las decisiones que tomé a oscuras, 

para no dar explicaciones.

En todas las cosas que sentí completas, y no supe donde ponerlas.

Algo sin forma, ni nombre.


Fe sin destinatario.


Y no fue cobardía, sino lucidez.

Soltar intentando no romper, lo único que todavía respiraba.

Respirar y perderme un poco en cada intento,

de coger aire. 


Y mientras cada posibilidad se perdía en el horizonte,

llenaba los huecos de palabras y momentos, 

no expuestos al azar, no por pura casualidad, 

sino con la certeza de que una conexión así,

pueda enseñarme a vivir el ahora.





viernes, 20 de febrero de 2026

Vacío

Te mostré la noche, sin pedir permiso.

Como quien abre una herida,

para comprobar si aun duele.


Y yo andaba ciega,

sin ver forma, ni salida.

Ni nombre, ni definición,

para todo lo que me recorría dentro.


Tú me miraste despacio,

pero no te atreviste.


Y fue extraño que alguien creyera,

en lo que yo negaba.

Que rozara mi sombra,

sin miedo...

Y aun encontrara pulso.


Ser consciente de que a veces, no falta luz,

sino testigos.

Alguien que diga: "Esto aun vive".


Cuando una ya decidió llamarse vacío.





Nada

No queda nada que acomodar dentro de mí.

Las palabras ya no buscan sentido,

solo caen, pesadas, exactas.


Hay un cansancio que no pide descanso,

se instala en los huesos,

y se vuelve casi invisible,

irrelevante.


No es tristeza,

es la ausencia total de impulso.

La certeza de que incluso el deseo,

requiere energía,

y ya no sobra.


Algo que antes importaba,

ahora solo confirma,

que el tiempo le ha quitado valor,

sentido,

tacto.


Es tocar un fondo que ya no duele,

pero tampoco sostiene.


Un lugar sin eco,

ni alma.

Donde existir se reduce a intentarlo, 

cada día.


Y eso por ahora,

es todo lo que hay.





jueves, 19 de febrero de 2026

Una parte

Una parte de mí aprendió a desaparecer antes de sentir el peligro.

Aunque nadie estuviera cerca de lastimarme.


Descubrí que muchas de mis decisiones nacieron de la desconfianza,

del miedo.

De la decepción.

Y no de esa libertad que siempre fingí tener.


Que elegí caminos seguros,

solo para evitar todo aquello que podía quebrarme.


Revisé recuerdos que preferí mantener intactos,

y entendí que no eran tan luminosos como recordaba.

Que en varios de ellos solo estaba intentando convencerme,

de que no dolían tanto como realmente dolían.


Incluso ahora,

siento ese antiguo impulso de callarlo todo,

como si transformarlo en palabras,

me volviera demasiado visible.


Como si alguien pudiera leerme por dentro y traspasarme.


Pero, a veces,

tengo la necesidad de desnudarme en cada frase,

solo por sentir el vértigo,

de saber que alguien pueda llegar a descifrar mis renglones. 


Aceptando que he sido mi propio límite tantas veces...

que ya no se cuantas cosas dejé  en pausa, esperando,

sin buscar siquiera alivio. 


Y es que hay una parte de mí,

que nunca aprendió a pedir ayuda.

Las palabras que nunca dije,

han empezado a pesar como objetos reales.


Como si cada silencio hubiera acumulado vida propia, 

y ahora reclamara espacio.


He guardado tantas cosas,

que ya no se cuales eran importantes,

y cuales solo formas de protegerme.


Protegerme de un mundo que nunca he sabido rozar sin lastimarme.


Y es que a veces, solo quise ser honesta conmigo,

a pesar de esta profundidad que siempre me dio miedo tocar,

y aunque me tiemble algo por dentro cuando me asomo al vacío,

al menos se, 

que esta vez no estoy huyendo.



jueves, 5 de febrero de 2026

Fugitiva


Me declaro fugitiva,

de un latido a la deriva.

Por el roce de tu aliento,

mi nostalgia se suicida.


​Encadeno tu silencio

mientras cuento los pedazos,

esos donde me quebranto

anhelando tu regazo.


​Que lo siento y no me atrevo,

que te nombro y me deshago.

Si imagino que te pierdo,

no sé cómo remediarlo.


​Y aunque sepa que no llego,

yo regreso a este deseo,

como un fuego que me llama,

como un mar al que no temo.


Soy la sombra de un encuentro,

el naufragio de un intento.

Por más que me distraiga,

tú me habitas en el viento.


No me busques en la calma,

que me pierdo en el desvelo.

Soy la sed que no se apaga,

soy un vuelo sin el cielo.


​Porque ya no sé qué espero

de algo que no tiene dueño.

Que me quemo en tu verano...



Solo para ser invierno.