Te mostré la noche, sin pedir permiso.
Como quien abre una herida,
para comprobar si aun duele.
Y yo andaba ciega,
sin ver forma, ni salida.
Ni nombre, ni definición,
para todo lo que me recorría dentro.
Tú me miraste despacio,
pero no te atreviste.
Y fue extraño que alguien creyera,
en lo que yo negaba.
Que rozara mi sombra,
sin miedo...
Y aun encontrara pulso.
Ser consciente de que a veces, no falta luz,
sino testigos.
Alguien que diga: "Esto aun vive".
Cuando una ya decidió llamarse vacío.
