No queda nada que acomodar dentro de mí.
Las palabras ya no buscan sentido,
solo caen, pesadas, exactas.
Hay un cansancio que no pide descanso,
se instala en los huesos,
y se vuelve casi invisible,
irrelevante.
No es tristeza,
es la ausencia total de impulso.
La certeza de que incluso el deseo,
requiere energía,
y ya no sobra.
Algo que antes importaba,
ahora solo confirma,
que el tiempo le ha quitado valor,
sentido,
tacto.
Es tocar un fondo que ya no duele,
pero tampoco sostiene.
Un lugar sin eco,
ni alma.
Donde existir se reduce a intentarlo,
cada día.
Y eso por ahora,
es todo lo que hay.
