Me declaro fugitiva,
de un latido a la deriva.
Por el roce de tu aliento,
mi nostalgia se suicida.
Encadeno tu silencio
mientras cuento los pedazos,
esos donde me quebranto
anhelando tu regazo.
Que lo siento y no me atrevo,
que te nombro y me deshago.
Si imagino que te pierdo,
no sé cómo remediarlo.
Y aunque sepa que no llego,
yo regreso a este deseo,
como un fuego que me llama,
como un mar al que no temo.
Soy la sombra de un encuentro,
el naufragio de un intento.
Por más que me distraiga,
tú me habitas en el viento.
No me busques en la calma,
que me pierdo en el desvelo.
Soy la sed que no se apaga,
soy un vuelo sin el cielo.
Porque ya no sé qué espero
de algo que no tiene dueño.
Que me quemo en tu verano...
Solo para ser invierno.
