martes, 2 de diciembre de 2025

Caminando

Quise protegerme, 

ser armadura, 

un cuerpo denso y opaco, 

que todo lo cubre, 

que no permite el roce.


Pero el hierro se hizo aire, 

y mis manos, 

intento tras intento, 

no frenaron nada.


Fui solo la que mira, 

un par de ojos inmóviles, 

húmedos, 

en primera fila, 

aprendiendo a tragar la impotencia. 


Y solo pude ser testigo, 

testigo del golpe, 

del temblor, 

del estruendo.


Y esa fue la única manera 

que supe de quedarme, 

observando la marcha,

sin que pudiera salvarte.


Hoy el aíre es mas denso, 

y yo floto 

en medio de un silencio 

que no sabe consolarme.


Aún me pesan demasiadas cosas, 

y hay nombres que 

ya no puedo pronunciar 

sin quebrarme.


Siento una vez más 

cada latido dejar su rastro, 

como una firma roja 

en el mármol blanco de los días 

pero que aun así, no pierde el pulso.


La incierta belleza 

de seguir adelante 

a pesar de todo.


La fuerza oculta emergiendo,

hasta del mar mas profundo.


Y es que hay días

que camino sin mapa, 

con el alma 

doblada en el bolsillo, 

como una carta 

que nunca se envió, 

pero que aún guarda la esencia 

de quien la escribió.


Mientras me pierdo en rincones 

que ya no me devuelven la mirada, 

con los recuerdos 

pegados a las suelas, 

y un eco de mi antigua yo, 

temblorosa, 

preguntándome si desde aquí, 

todavía sabré volver.


Mientras me hundo sin agua, 

en la quietud azul 

de mi propia mente.


La conciencia se clava

y pesa,

como un mar antiguo.

Mi cuerpo,

es solo un barco a la deriva,

que ha olvidado el arte de flotar.


Duermo para no oírme, 

para no sentir 

la humedad del pensamiento

filtrándose 

por las grietas del pecho.


Mis manos ciegas 

tantean la ausencia, 

como si aun pudieran tocar

lo que alguna vez me sostuvo.


He aprendido a fingir, 

a cerrar los ojos 

con la solemnidad del naufragio, 

a lamer en silencio 

las heridas 

que no se curan, 

que solo se alivian 

y adormecen.


Busco algo dentro de mí

que ya no encuentro.


Y aunque sigo respirando, 

el aíre no llena igual mis pulmones.

Y aunque sigo viendo colores,

ya no resplandecen.


Porque en toda pérdida,

hay una transformación silenciosa,

pero también un fuego, 

una chispa 

que se enciende bajo la piel, 

que se niega a apagarse,

que no quiere rendirse.


Asique levanto la mirada 

una vez más,

y aunque ya no reconozco el horizonte, 

respiro hondo, 

como quien se prepara 

para comerse el mundo

a bocados de fe y otros de rabia. 


Como quien está perdido 

y no deja de buscarse, 

como el que se ahoga 

y usa su última bocanada,

para salir a flote.


Como el que abraza sus escombros 

creyendo 

que puede volver a reconstruirse.


Me he vaciado en lágrimas,

y en tinta 

sobre hojas sin dueño, 

tinta y sangre...

Ya no se donde empieza una

 y termina la otra.


Solo sé que ambas 

se han secado

intentando alcanzarte.


Y aunque la última gota de mí,

quedará en estas letras.

Ni una sola 

de estas palabras

haría que regresaras.


Paso a paso... Solo debo seguir caminando.


T&R