La tarde se cuela por la ventana dejando una franja de luz sobre la mesa.
Me quedo mirando cómo las pequeñas motas de polvo flotan en ese pequeño resplandor, cómo todo, de pronto, parece detenerse en detalles que casi nadie repara dos veces.
En momentos así, donde solo divago con la mente un poco en pausa, siento que la vida es suficiente;
un cuarto en calma, alguna idea que nace despacio, sin prisa ni norte.
El silencio amable que solo acompaña sin exigir nada.
Hay gestos mínimos que se vuelven íntimos sin avisar;
el sonido de una página al pasar, el viento moviendo apenas la cortina...
La sensación plena de estar presente en lo que está ocurriendo con todo detalle,
con el sistema sensorial en su punto más álgido.
Porque lo cotidiano también guarda una belleza discreta que a veces,
se vuelve mas viva cuando alguien la reconoce también.
Sigo escribiendo mientras la luz cambia de lugar,
escribo mientras pienso que la vida no necesita grandes historias,
a veces basta con coincidir en lo simple,
una caminata sin rumbo,
una conversación agradable,
un abrazo que solo deje la esencia flotando en el aire.
Y cuando eso ocurre,
todo esto que ahora observo en silencio,
adquiere otra profundidad.
Solo dos personas que saben quedarse,
justo en el mismo momento.
Pensar esto me distrae un poco y la tinta cae sobre el papel como si conociera el camino.
No duda, no se corrige;
avanza con la seguridad de algo que ya tuvo sentido,
antes de ser escrito.
En cada una de mis líneas hay un pulso vivo,
una forma de latido que a veces me desborda el pecho,
y que solo encuentra en las palabras su manera de respirar.
Porque antes escribía para perseguir lo que faltaba,
y ahora lo hago para reconocer lo que ya existe.
Esa mirada detenida en lo simple,
una emoción que no necesita ser gritada para ser intensa.
Hay una verdad más limpia en este modo de desgarrarme,
como si hubiera encontrado la forma de abrirme en canal,
y esperar luego el incendio.
Por ello estas palabras no buscan adornarse,
son solo los restos de lo que queda suspendido entre líneas,
desde la honestidad de alguien que escribe con todo el pulso abierto.
Dejando que cada letra,
sea un paso más en la forma profunda de sentirse vivo.
