Ya no hay nada que sostener,
no porque me falten las fuerzas,
sino porque en verdad, nunca hubo suelo.
Todo lo que fui usando para aguantar,
se deshizo sin ruido.
No quedó rabia, ni tristeza clara.
Solo esta cosa opaca, que no identifico,
que ya no duele,
pero tampoco vive.
Me cansé de intentar entenderme,
de explicarme.
De buscar definiciones correctas
y nombres exactos
para lo que pasa adentro.
Solo se que hay días en que existir,
se siente como cargar con el paso de un cuerpo,
que ya no siento mío.
No busco redención,
ni quiero encontrar el sentido.
Ya no quiero aprender, sino admitir,
que hay un punto,
donde uno ya no lucha,
pero tampoco se rinde.
Un punto donde solo se sigue
por pura inercia.
Y en ese "seguir", no hay valentía ni miedo,
ni siquiera épica.
Solo una honestidad seca.
La certeza de que estoy completamente vacía.
Y aun así respiro.
Porque hay cosas que nunca conté.
Porque no sabia como nombrarlas,
sin quebrarse algo por dentro,
Me guardé demasiadas preguntas,
que ardían cada noche,
Y dudas que me drenaban.
Guardé tanto de mí...
Tantos susurros internos.
Todo siendo empujado hacia la sombra.
Y ahora entiendo que nunca fue silencio.
Solo un grito ahogado,
esperando un espacio,
donde no sentirse ajeno.
