Si tan solo pudiera rasgar la tela del cosmos, arrancar de cuajo las estrellas, y cada fragmento de lo que alguna vez compartimos... Serían solo ruinas de lo eterno desvaneciéndose en mis manos.
Pero el universo, en su cruel indiferencia, solo permite admirar su inmensidad que todo lo devora, intentando hacer de tí un espejismo diluido ante mis ojos en la vastedad de lo que fue, sin entender que hay lazos mucho más antiguos...
Un impulso más ancestral que su propio nacimiento, un latido resonando con fuerza, penetrando el vacío, desbordando la inercia de un universo que no sabe de nosotros.
La gravedad no entiende de almas, ni de ausencias, no entiende de una conexión tan extensa que en su silencio es más poderosa que cualquier fuerza cósmica.
Y mientras los recuerdos se convierten en nebulosas y los astros mueren convirtiéndose en polvo estelar que ya no busca ni puede formar nuevas estrellas... En cada galaxia lejana, en cada rincón del infinito, encuentro tu huella desintegrándose, diluyéndose en la eternidad de una piel en la que nunca estuvo.
Somos solo un eco, un sonido estelar profundo que resuena incansable en la inmensa oscuridad. Somos una explosión eterna que no cesa de arder. Aunque el mundo entero se desplome y desintegre. La ausencia misma, el vacío, la llama que no pide permiso para seguir ardiendo.
Y cuando la última estrella se apague, cuando la última galaxia se cierre sobre su propio centro, nosotros seguiremos siendo, existiendo en esencia, como una chispa de luz parpadeando en la negrura infinita.
Y cuando todo se haya desvanecido, cuando no quede ni un ápice de lo que fue, cuando solo seamos una estela, habremos traspasado las barreras de lo finito, abrazando la paradoja de algo que muere, pero nunca desaparece.
Diluidos en la eternidad. La última de las memorias del universo. Los residuos que quedarán después de todo. Un Big Bang implosionando en el firmamento.
Volviendo a crear el inicio, aquel día donde empezó todo. Donde vagando mecidos por el viento estelar ambos nos reconocimos. Donde la atracción de la gravedad hizo el resto.
Porque habremos descubierto que el espacio y el tiempo no solo son cuatro dimensiones donde todo sucede.